“El órgano con el que yo he comprendido el mundo es el ojo” J. W. Goethe


Los movimientos de cine independiente, siguiendo un imperativo artístico, iniciados ya en los años 50 por la
nouvelle vague en Francia, el Free Cinema inglés, el New American Cinema Group de Nueva York o el Cinema Nôvo de Brasil entre otros, se encontraron con el mismo problema que perdura en la actualidad, las dificultades de proyección, que quedaban y quedan relegadas a cine-clubs, salas de ensayo, filmotecas, festivales, circuitos no comerciales y bares que dedican algún día de la semana para la exhibición de estos productos artísticos.
Los directores a pesar de verse con la total libertad de experimentación creadora se sienten a veces desprestigiados y poco reconocidos al ver que sus obras no se mueven y ni si quiera llegan a ser vistas en ocasiones por esa minoría selecta a la que están dirigidas.

Otro problema es la financiación de estos productos audiovisuales ya que las subvenciones por parte del Estado y de organizaciones son escasas y en muchas ocasiones los resultados ya están comprados haciendo caso omiso a las bases establecidas. La financiación por tanto, queda relegada a los propios partícipes en el proyecto, ayudados en ocasiones por comercios o marcas que dan dinero para la producción a cambio de publicitar dichas marcas o empresas, siendo la base de la amortización de estos los Festivales, cuyo dinero suele ser invertido en nuevos proyectos.

De este modo, ¿se puede vivir del cine? En mi opinión y tal y como se encuentra la situación actual del cine es muy complicado.

En relación a la situación actual de crisis del cine, dice Román Gubern en Historia del cine: “No es previsible, desde luego, la extinción absoluta de las salas públicas, pero su número se reducirá muchísimo, y tenderán seguramente a especializarse en una doble dirección. Por su parte persistirán las grandes salas, tipo “Palace”, destinadas a los súper espectáculos sobre pantallas que ofrecerán un tipo de espectáculo aparatoso que la tecnología no podrá suministrar a domicilio (...) Por otro lado, habrá salas museísticas para la exhibición de cine minoritario, experimental y de títulos clásicos (mudos y sonoros), verdaderas galerías de arte o museos de cine, destinados al público juvenil y al procedente de estratos sociales ilustrados, sectores que están demostrando ya una mayor resistencia a la sumisión al televisor y al sedentarismo físico y social que este trae consigo”.

¿Estamos sometidos a este cambio que prognostica Roman Gubern? ¿Llegará de este modo el reconocimiento del cine experimental?

Quizás…